Fidel, la gente de su generación y nosotros los jóvenes.

A propósito de la muerte de Fidel Castro, el 25 de noviembre de 2016. 

This combo of three file photos shows Fidel Castro, from left; smoking a cigar in Havana, Cuba, April 29, 1961; speaking to the media while on a mission to collect Elian Gonzales in Washington, D.C., April 6, 2000; and at his Havana home on Feb. 13, 2016. The man who nationalized the Cuban economy and controlled virtually every aspect of life on the island celebrates his 90th birthday on Saturday, Aug. 13, 2016, in a far different country than the one he ruled for decades. (AP Photos/Files)

Una de las cosas que hizo Fidel Castro fue hartar hasta el cansancio a un montón de viejos, que son los que hoy opinan tras su muerte. Su mensaje a los jóvenes es muy claro: olvídenlo. Desprecian así la experiencia de su generación y nos desprecian a nosotros, porque no nos ayudan a construir una visión sobre Cuba agregando sus testimonios -que podrían ser muy valiosos si no fueran rencorosos, infantiles, repetitivos y aburridos.
Yo nací cuando Cuba ya estaba en el período especial, sin la Unión Soviética, aislada y con un Fidel que rendía culto a su personalidad e insistía en no rendirse ante el imperio, etc. Una Cuba que no despertaba las pasiones que despertaba en los ’60 y la que sirve a estos viejos obsesivos que se quedaron con la cabeza fría y quieren gritar que hay dictadura (algo cierto pero que ellos lo afirman como si fuera un determinismo histórico). Estos viejos quedaron infectados de tanta Guerra Fría y, además de la falta de interés, es por eso que adoran escupir gratuitamente hacia la isla porque en realidad se están escupiendo entre ellos. Así es como usan cualquier testimonio de los cubanos exiliados, de alguno que estuvo preso por oponerse al régimen o de otro que fue fusilado, en fin, todo vale con tal de hacer callar y denunciar injusticias que nunca sintieron pero que les sirven para propagar moralina y demonizar a Cuba. No se trata de negar el hambre y la desigualdad en Cuba. Ahí es a donde nos quieren llevar estos viejos. Yo lo que digo es simple: con ellos no hay aprendizaje posible y, por tanto, los jóvenes nos las tenemos que arreglar sólos. Nada nuevo: estamos acostumbrados a vivir sin maestros ni referentes en este siglo XXI. Y esto lo podemos tomar con pusilanimidad y desidia o lo podemos asumir con alegría y entusiasmo. Voto por la segunda opción porque es la más joven.
Sólo eso venía a decir, para vos que andabas por ahí medio sin saber qué pensar. Tenés a un ejército de viejos mala onda trenzados entre ellos y no te están dejando formarte. Así que hacé la tuya. Andá a una librería, compráte los mejores libros de historia cubana, metéte a fondo con la historia de este bello país y tomálo como una perspectiva más sobre América Latina. Conseguíte una buena biografía crítica de Fidel para hacerte la imagen de un ser humano y no de un ídolo o un estampado de una remera. Defendé tu curiosidad, tu interés, tus ganas de discutir seriamente sobre acontecimientos que no son de tu presente pero que integran tu historia. Son cosas que primero tenés que hacer sólo. Después, obviamente, con los demás. Y quedáte tranquilo que vas a encontrar a un par de gente linda, jóvenes entusiasmados igual que vos, para seguir formándote y darle así dignidad a tu propia generación.

Berlín, 29.11.2016
Mateo Dieste.

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