Historia de la filosofía en el siglo XXI

Sabemos que allá en los comienzos del siglo XIX, Hegel estableció las bases para la enseñanza de la historia de la filosofía. Desde entonces, se hizo obligatorio empezar con los griegos (Parménides, Heráclito, Platón, Aristóteles, etc. etc.), continuar con los modernos (Descartes, Spinoza, Leibniz, Locke, Hume) y finalizar con los contemporáneos a partir de Kant. Esto reproducía el esquema tripartito de la historia universal, elaborado por Christoph Cellarius a fines del siglo XVII, un maestro de escuela de la ciudad alemana de Halle, quien si bien introdujo esa división por razones pedagógicas, también reprodujo el prejuicio renacentista sobre la Edad Media como una «época oscura y bárbara».

Hegel impuso este modelo de enseñanza en la Universidad europea más promisoria e innovadora de la época, a saber: la Universidad de Berlín (actualmente la Universidad de Humboldt). Y, desde allí, paulatinamente el mundo se acostumbró a la idea de que el origen de la filosofía se ubicaba unos cuantos siglos antes de Cristo en Grecia, que luego pasó mucho tiempo de fanatismo religioso y barbarie medieval hasta que surgió el Renacimiento italiano, el humanismo, la Modernidad, Galileo, Descartes y un montón de filósofos racionalistas y después ya el siglo XVIII, Newton y la Ilustración, las nuevas ideas: Rousseau, Voltaire y Montesquieu, ¡y la Revolución Francesa! Finalmente, llegamos a Kant y ahí se nos complica todo: se da inicio a la filosofía contemporánea, el siglo XIX, la Revolución Industrial, las máquinas, los mercados, la filosofía oriental, en fin, ya nada es tan fácil. Desde este punto de vista, la historia de la filosofía sería como un viaje desde las islas griegas hacia el norte de los Pirineos, pasando antes por Italia y haciendo una larga parada en Francia hasta llegar a Alemania —¡sin dejar de visitar, desde luego, a Gran Bretaña! Una historia de la filosofía, entonces, que peregrina de Atenas a Berlín y hoy se ubica entre “Oxbridge”, Harvard y Stanford, cuyo contenido es predominantemente idealista: lo que importan son las “ideas” y punto.

Ahora bien: ante este itinerario europeo, no han faltado quienes han querido agregar nuevos destinos y caminos, fundamentalmente lejos de Europa. Así, se ha dicho que la filosofía no nace en Grecia sino en Egipto, es decir, que la filosofía tiene un origen africano. Otros han sostenido que no, que antes que Egipto estuvo China y por tanto la filosofía es asiática. Tampoco han faltado aquellos que, desde Estados Unidos, creen ser la máxima expresión de aquella primera filosofía griega, algo así como el sueño realizado de los ideales políticos de los atenienses. Y, por último, las víctimas de la colonización en América Latina y África nos remiten a una sabiduría ancestral indígena, autóctona y oral, cuya reflexión sobre la condición humana habría sido mil veces superior a la helena, pero que por culpa de los colonizadores europeos se ha perdido.

¿A qué voy con todo esto? A que en el siglo XXI asistimos a la proliferación del provincianismo mental más versátil que jamás se haya visto. Bajo la excusa de la defensa de los excluidos, el multiculturalismo, el respeto a la diversidad y los derechos de las minorías, se ha desatado un chauvinismo epistemológico que infecta a las grandes ciudades donde la gente vive aglomerada, insegura y persiguiendo la zanahoria. Todos ellos se ven enfrentados a un mundo más complejo de lo que esperaban. Padecen lo que diagnostican como «globalización» y en ella perciben una diversidad infinitamente extensa, cotidiana, con la que apenas pueden lidiar porque para sus referentes —las generaciones pasadas— esto es algo desconocido.

Es por esta razón que hoy vemos libros que abordan

la filosofía maya,
la filosofía ayurveda,Egypt set
la filosofía kawaii,
la filosofía pragmática de la comunidad Ramit Sethi,
la filosofía expansiva de los seguidores de Michael Salvini,
la filosofía seychelense,
la filosofía tongana,
la filosofía del Estado Islámico,
la filosofía del corporativismo belga,
la filosofía inuit-yupik
y un sinnúmero de filosofías que reivindican su posición identitaria en la historia universal de la filosofía.

En el siglo XXI, entonces, la historia de la filosofía poco tiene que ver con la filosofía porque comprender, escuchar y aprender es menos urgente que anclarse en alguna «identidad cultural». En otras palabras: en un mundo abierto que no se deja definir ni reducir a lo simple, se ha vuelto más pertinente garantizarse un lugar en el mundo con un poco de reconocimiento ajeno que ejercer la libertad de la cual disponemos.
En un mundo abierto que no se deja definir ni reducir a lo simple, se ha vuelto más reconfortante volver a las representaciones consabidas y legitimantes de mi comunidad, que poner a éstas en cuestión para habilitar la comunicación con el resto de la sociedad.
Mateo Dieste
Berlín, 5. VI. 2015

2 comentarios en “Historia de la filosofía en el siglo XXI

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