Estudiar en el siglo XXI

estudiarPertenezco a una generación con fobia a las etiquetas, paranoia con los prejuicios, obsesión con la tolerancia, predilección por la denuncia, sacralización de las víctimas y remordimiento anticipado ante las exclusiones sociales inadvertidas, es decir, una generación que cree saber lo que está mal y siente el pavor de reincidir en los errores del pasado.

Se trata, entonces, de una generación que está a medio camino entre hacerse cargo de la historia y apropiarse de su presente. Y como está a medio camino, es incapaz de ofrecer alternativas y se limita a emplear un lenguaje políticamente correcto, porque no pretende confrontar con quienes no están de acuerdo, sino más bien asegurarse de no ofenderlos.

De este modo, suponen alcanzar una armonía en donde todas y todos estemos incluídos, sin discriminaciones ni falta de respeto de ningún tipo. Por eso no tienen otra visión de la política que la de una trinchera, en donde de lo que se trata es fundamentalmente de resistir más que de construir. Y es que para construir se requiere no sólo identificar al enemigo y vencerlo, sino además tener una visión del futuro que sea algo más que la ausencia de opresores e injusticias; en otras palabras: es necesaria una comprensión de la historia y de la actualidad que no conduzca únicamente a la parálisis o la acción por oposición, sino que pueda ir más allá y arriesgue un proyecto político ambicioso, casi diría utópico.

Sí, efectivamente dije «utópico» y con esta expresión ya he perdido toda credibilidad, pues todos sabemos muy bien las atrocidades que se han cometido en el nombre de una utopía social. Sin embargo, con esto me refiero a un modo de pensar los cambios sociales fuera de las agrupaciones corporativistas que, convencidas de representar alguna mayoría que los legitima, defienden rabiosamente sus intereses y excluyen a quienes no los comparten para definirse a sí mismos.

Digo utópico, entonces, para expresar el simple deseo de vivir mejor con los demás. Y para ello lo que se me ocurre no es afiliarme a alguna forma de resistencia, sino en abrir mi cabeza y dedicarme a aprender de los demás. Pero aprender de los demás sin obedecerlos, reconociendo sus aciertos y sus errores, discutiendo con ellos y expresando siempre mi opinión en plano de igualdad, pues nada se aprende siguiendo un mandato de autoridad.

Esto, que a muchos les resultará la clásica concepción pequeñoburquesa de los cambios sociales, me parece sinceramente que es lo único que realmente puedo hacer para cambiar lo que critico en mi entorno. Esto, que para muchos no es más que el reflejo de la situación privilegiada de un pibe de clase media, no deja de ser la fuente de entusiasmo para levantarme todos los días y seguir estudiando. Porque estudiar es un compromiso permanente con uno mismo, pero también una vocación y una alegría.

La alegría de poder ejercer la libertad.

                                                                                      Mateo Dieste

                                                                                          27.05.2015

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s